domingo, 8 de julio de 2012

Sermón y Lecturas del Sexto Domingo después de Pentecostés 2012


LECTURAS

2° Corintios 12:2-10
[2] Sé de un cierto creyente, el cual hace catorce años fue arrebatado hasta el tercer cielo. Si fue con el cuerpo o fuera del cuerpo, eso no lo sé, lo sabe Dios. [3] Y sé que ese hombre, -sea con cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe- [4] fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras no habladas y que nadie sabría expresar. [5] Podría sentir orgullo pensando en ese, pero en cuanto a mí, sólo me gloriaré de mis debilidades. [6] Si quisiera gloriarme, no sería locura, pues diría la verdad. Pero me abstendré, para que nadie se forme de mí una idea superior a lo que ve u oye decir de mí. [7] Y precisamente para que no me pusiera orgulloso después de tan extraordinarias revelaciones, me fue clavado en la carne un aguijón, verdadero delegado de Satanás, cuyas bofetadas me guardan de todo orgullo. [8] Tres veces rogué al Señor que lo alejara de mí, [9] pero me dijo: «Te basta mi gracia; mi mayor fuerza se manifiesta en la debilidad». Mejor, pues, me preciaré de mis debilidades, para que me cubra la fuerza de Cristo. [10] Por eso acepto con gusto lo que me toca sufrir por Cristo: enfermedades, humillaciones, necesidades, persecuciones y angustias. Pues si me siento débil, entonces es cuando soy fuerte.

Ezequiel 2: 1-5
EZEQUIEL RECIBE SU MISIÓN [1] Me dijo: "Hijo de hombre, ponte de pie, te voy a hablar". [2] En el mismo momento en que me habla, entra en mí un espíritu y me hace ponerme de pie; .[3] entonces oigo que me dice: "Hijo de hombre, te envío donde los Israelitas, a un pueblo de rebeldes que se han rebelado contra mí; ellos y sus padres me han sido infieles hasta el día de hoy. [4] Te envío donde esa raza de cabezas duras y de corazones obstinados para que les digas: ¡Esta es la palabra de Yavé...! [5] Te escucharán o no te escucharán - porque son una raza de rebeldes - pero sabrán que hay un profeta en medio de ellos.

Marcos 6: 1-13
¿NO ES ÉSTE EL CARPINTERO? (MT 13,53; LC 4,16) [1] Al irse Jesús de allí, volvió a su tierra, y sus discípulos se fueron con él. [2] Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga y mucha gente lo escuchaba con estupor. Se preguntaban: «¿De dónde le viene todo esto? ¿Y qué pensar de la sabiduría que ha recibido, con esos milagros que salen de sus manos? [3] Pero no es más que el carpintero, el hijo de María; es un hermano de Santiago, de Joset, de Judas y Simón. ¿Y sus hermanas no están aquí entre nosotros?» Se escandalizaban y no lo reconocían. [4] Jesús les dijo: «Si hay un lugar donde un profeta es despreciado, es en su tierra, entre su parentela y en su propia familia.» [5] Y no pudo hacer allí ningún milagro. Tan sólo sanó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos. [6] Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer. JESÚS ENVÍA A LOS DOCE (MT 10,1; LC 9,1; 10,1) Jesús recorría todos los pueblos de los alrededores enseñando. [7] Llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus malos. [8] Les ordenó que no llevaran nada para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni morral, ni dinero; [9] que llevaran calzado corriente y un solo manto. [10] Y les decía: «Quédense en la primera casa en que les den alojamiento, hasta que se vayan de ese sitio. [11] Y si en algún lugar no los reciben ni los escuchan, no se alejen de allí sin haber sacudido el polvo de sus pies: con esto darán testimonio contra ellos.» [12] Fueron, pues, a predicar, invitando a la conversión. [13] Expulsaban a muchos espíritus malos y sanaban a numerosos enfermos, ungiéndoles con aceite. LA MUERTE DE JUAN BAUTISTA (MT 14,1; LC 9,7; 3,19)

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