domingo, 12 de diciembre de 2010

Sermón y Lecturas del Domingo 12 de Diciembre de 2010



LECTURAS

Santiago 5: 7-10

[7] Tengan paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. Miren cómo el sembrador cosecha los preciosos productos de la tierra, que ha aguardado desde las primeras lluvias hasta las tardías. [8] Sean también ustedes pacientes y no se desanimen, porque la venida del Señor está cerca. [9] Hermanos: no se peleen unos con otros, y así no serán juzgados; miren que el juez está a la puerta. [10] Consideren, hermanos, lo que han sufrido los profetas que hablaron en nombre del Señor y tómenlos como modelo de paciencia.

Isaías 35:1-10 (LA VUELTA DE LOS DESTERRADOS)

[1] Que se alegren el desierto y la tierra seca, que con flores se alegre la pradera. [2] Que se llene de flores como junquillos, que salte y cante de contenta, pues le han regalado el esplendor del Líbano y el brillo del Carmelo y del Sarón. Ellos a su vez verán el esplendor de Yavé, todo el brillo de nuestro Dios. [3] Robustezcan las manos débiles y afirmen las rodillas que se doblan. [4] Díganles a los que están asustados: «Calma, no tengan miedo, porque ya viene su Dios a vengarse, a darles a ellos su merecido; él mismo viene a salvarlos a ustedes.» [5] Entonces los ojos de los ciegos se despegarán, y los oídos de los sordos se abrirán, [6] los cojos saltarán como cabritos y la lengua de los mudos gritará de alegría. Porque en el desierto brotarán chorros de agua, que correrán como ríos por la superficie. [7] La tierra ardiente se convertirá en una laguna, y el suelo sediento se llenará de vertientes. Las cuevas donde dormían los lobos se taparán con cañas y juncos... [8] Por allí pasará una buena carretera, que se llamará el camino santo; por él no transitará ningún impuro, y el sinvergüenza no se atreverá a pisarlo; [9] no habrá allí ningún león, y la fiera salvaje no se acercará a él. Por este camino marcharán los rescatados [10] y por ahí regresarán los libertados por Yavé; llegarán a Sión dando gritos de alegría, y con una dicha eterna reflejada en sus rostros; la alegría y la felicidad los acompañarán y ya no tendrán más pena ni tristeza.

Mateo 11:2-11


[2] Juan, que estaba en la cárcel, oyó hablar de las obras de Cristo, por lo que envió a sus discípulos [3] a preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?» [4] Jesús les contestó: «Vayan y cuéntenle a Juan lo que ustedes están oyendo y viendo: [5] los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y una Buena Nueva llega a los pobres. [6] ¡Y dichoso aquél para quien yo no sea motivo de escándalo!» [7] Una vez que se fueron los mensajeros, Jesús comenzó a hablar de Juan a la gente: «Cuando ustedes fueron al desierto, ¿qué iban a ver? ¿Una caña agitada por el viento? [8] ¿Qué iban ustedes a ver? ¿Un hombre con ropas finas? Los que visten ropas finas viven en palacios. [9] Entonces, ¿qué fueron a ver? ¿A un profeta? Eso sí y, créanme, más que un profeta. [10] Este es el hombre de quien la escritura dice: Yo voy a enviar mi mensajero delante de ti, para que te preceda abriéndote el camino. [11] Yo se lo digo: de entre los hijos de mujer no se ha manifestado uno más grande que Juan Bautista, y sin embargo el más pequeño en el Reino de los Cielos es más que él.

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