domingo, 2 de septiembre de 2012

Sermón y Lecturas del Domingo 2 de septiembre 14º después de Pentecostés


LECTURAS

Deuteronomio 4:1-2, 6-9
OBSERVEN LA LEY [1] Y ahora, Israel, escucha las normas y los mandamientos que yo te enseño, para que los pongas en práctica. Así vivirás, y entrarás al país que te da Yavé, Dios de tus padres, y tomarás posesión de él. [2] No añadirás nada a lo que yo te mando, y no le quitarás nada, sino que guardarás los mandamientos de Yavé, tu Dios, tal como yo se lo ordeno. [6] Si las guardan y las practican, pasarán por sabios e inteligentes a los ojos de los pueblos que tengan conocimiento de todas estas leyes; y dirán: ¡Qué pueblo tan grande! Sólo él tiene sabiduría e inteligencia . [7] En verdad, ¿qué nación hay tan grande, cuyos dioses se acerquen a ella como lo hace para nosotros, siempre que lo invocamos, Yavé, nuestro Dios? [8] ¿Y qué nación hay tan grande que tenga normas y mandamientos tan justos como esta ley que yo te entrego hoy? [9] Pero ¡fíjate bien! Ten mucho cuidado de no olvidarte de estas cosas que tus ojos han visto. Guárdalas en tu interior todos los días de tu vida, y repíteselas a tus hijos y a tus nietos.

Marcos 7: 1-8, 14-15, 21-23
LA VERDADERA PUREZA (MT 15,10; LC 6,39) [1] Los fariseos se juntaron en torno a Jesús, y con ellos había algunos maestros de la Ley llegados de Jerusalén. [2] Esta gente se fijó en que algunos de los discípulos de Jesús tomaban su comida con manos impuras, es decir, sin habérselas lavado antes. [3] Porque los fariseos, al igual que el resto de los judíos, están aferrados a la tradición de sus mayores, y no comen nunca sin haberse lavado cuidadosamente las manos. [4] Tampoco comen nada al volver del mercado sin antes cumplir con estas purificaciones. Y son muchas las tradiciones que deben observar, como la purificación de vasos, jarras y bandejas. [5] Por eso los fariseos y maestros de la Ley le preguntaron: «¿Por qué tus discípulos no respetan la tradición de los ancianos, sino que comen con manos impuras?» [6] Jesús les contestó: «¡Qué bien salvan ustedes las apariencias! Con justa razón profetizó de ustedes Isaías cuando escribía: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. [7] El culto que me rinden de nada sirve; las doctrinas que enseñan no son más que mandatos de hombres. [8] Ustedes descuidan el mandamiento de Dios por aferrarse a tradiciones de hombres.» [14] Jesús volvió a llamar a la gente y empezó a decirles: «Escúchenme todos y traten de entender. [15] Ninguna cosa que de fuera entra en la persona puede hacerla impura; lo que hace impura a una persona es lo que sale de ella. [21] Los pensamientos malos salen de dentro, del corazón: de ahí proceden la inmoralidad sexual, robos, asesinatos, [22] infidelidad matrimonial, codicia, maldad, vida viciosa, envidia, injuria, orgullo y falta de sentido moral. [23] Todas estas maldades salen de dentro y hacen impura a la persona.» JESÚS SANA A LA HIJA DE UNA EXTRANJERA (MT 15,21)

Santiago 1: 17-27
[17] son las cosas buenas y los dones perfectos los que proceden de lo alto y descienden del Padre que es luz; allí no retornan las noches ni pasan las sombras. [18] Muy libremente nos dio vida y nos hizo hijos suyos mediante la palabra de la verdad, para que fuéramos la flor de su creación. [19] Hermanos muy queridos, sean prontos para escuchar, pero lentos para hablar y enojarse, [20] pues la ira del hombre no realiza la justicia de Dios. [21] Por eso, rechacen la impureza y los excesos del mal y reciban con sencillez la palabra sembrada en ustedes, que tiene poder para salvarlos. [22] Pongan por obra lo que dice la Palabra y no se conformen con oírla, pues se engañarían a sí mismos. [23] El que escucha la palabra y no la práctica es como aquel hombre que se miraba en el espejo, [24] pero apenas se miraba, se iba y se olvidaba de cómo era. [25] Todo lo contrario el que fija su atención en la Ley perfecta de la libertad y persevera en ella, no como oyente olvidadizo, sino como activo cumplidor; éste será dichoso al practicarla. [26] Si alguno se cree muy religioso, pero no controla sus palabras, se engaña a sí mismo y su religión no vale. [27] La religión verdadera y perfecta ante Dios, nuestro Padre, consiste en esto: ayudar a los huérfanos y a las viudas en sus necesidades y no contaminarse con la corrupción de este mundo.

domingo, 26 de agosto de 2012

Sermón y Lecturas del Domingo 26 de agosto 13º después de Pentecostés


LECTURAS

Efesios 6: 10-20
HÁGANSE FUERTES [10] Por lo demás, fortalézcanse en el Señor con su energía y su fuerza. [11] Lleven con ustedes todas las armas de Dios, para que puedan resistir las maniobras del diablo. [12] Pues no nos estamos enfrentando a fuerzas humanas, sino a los poderes y autoridades que dirigen este mundo y sus fuerzas oscuras, los espíritus y fuerzas malas del mundo de arriba. [13] Por eso pónganse la armadura de Dios, para que en el día malo puedan resistir y mantenerse en la fila valiéndose de todas sus armas. [14] Tomen la verdad como cinturón, la justicia como coraza; [15] tengan buen calzado, estando listos para propagar el Evangelio de la paz. [16] Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, y así podrán atajar las flechas incendiarias del demonio. [17] Por último, usen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, o sea, la Palabra de Dios. [18] Vivan orando y suplicando. Oren en todo tiempo según les inspire el Espíritu. Velen en común y perseveren en sus oraciones sin desanimarse nunca, intercediendo en favor de todos los santos, sus hermanos. [19] Rueguen también por mí, para que, al hablar, se me den palabras y no me falte el coraje para dar a conocer el misterio del Evangelio [20] cuando tenga que presentar mi defensa, pues yo soy embajador encadenado de este Evangelio.

Josué 24:1-2ª; 14-18
SE RENUEVA LA ALIANZA EN SIQUEM [1] Josué convocó en Siquem a todas las tribus de Israel, y reunió a los ancianos, jefes, jueces y secretarios. Juntos se presentaron delante de Dios. [2] Dirigiéndose al pueblo, Josué le dijo: [14] Tengan, pues, temor a Yavé, y sean cumplidores y fieles en servirlo. Dejen a un lado esos dioses que sus padres adoraron en Mesopotamia y en Egipto, y sirvan sólo a Yavé. [15] Que si no quieren servir a Yavé, digan hoy mismo a quiénes servirán, si a los dioses que sus padres sirvieron en Mesopotamia, o a los dioses de los amorreos que ocupaban el país en que ahora viven ustedes. Por mi parte, yo y los míos serviremos a Yavé.» [16] El pueblo respondió: «¡No quiera Dios que abandonemos a Yavé para servir a otros dioses! [17] Pues él nos hizo subir a nosotros y a nuestros padres de Egipto, de la Casa de esclavitud, e hizo estos grandes milagros que hemos visto; él nos protegió durante todo el camino y en todos los países por donde pasamos; [18] desalojó ante nosotros a todas la naciones y, en especial, a los amorreos que vivían en este país. Por eso, nosotros también serviremos a Yavé: él es nuestro Dios.»

Juan 6: 56-69
[56] El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. [57] Como el Padre, que es vida, me envió y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá por mí. [58] Este es el pan que ha bajado del cielo. Pero no como el de vuestros antepasados, que comieron y después murieron. El que coma este pan vivirá para siempre. ¿QUIEREN MARCHARSE TAMBIÉN USTEDES? [59] Así habló Jesús en Cafarnaúm enseñando en la sinagoga. [60] Al escucharlo, cierto número de discípulos de Jesús dijeron: «¡Este lenguaje es muy duro! ¿Quién querrá escucharlo?» [61] Jesús se dio cuenta de que sus discípulos criticaban su discurso y les dijo: «¿Les desconcierta lo que he dicho? [62] ¿Qué será, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir al lugar donde estaba antes? [63] El espíritu es el que da vida, la carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu, y son vida. [64] Pero hay entre ustedes algunos que no creen.» Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién lo iba a entregar. [65] Y agregó: «Como he dicho antes, nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre.» [66] A partir de entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y dejaron de seguirle. [67] Jesús preguntó a los Doce: «¿Quieren marcharse también ustedes?» [68] Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. [69] Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.»

domingo, 12 de agosto de 2012

Sermón y Lecturas del Undécimo Domingo después de Pentecostés 2012


LECTURAS

1 Reyes 19:4-8
Anduvo por el desierto una jornada de camino, hasta llegar y sentarse bajo una retama. Imploró la muerte y dijo: "¡Ya es demasiado, Yahvé! ¡Toma mi vida, pues no soy mejor que mis padres!"
Se recostó y quedó dormido bajo una retama, pero un ángel le tocó y le dijo: "Levántate y come."
Miró y a su cabecera había una torta cocida sobre piedras calientes y un jarro de agua. Comió y bebió y se volvió a recostar.
El ángel de Yahvé volvió segunda vez, lo tocó y le dijo: "Levántate y come, pues el camino ante ti es muy largo."
Se levantó, comió y bebió, y con la fuerza de aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, el Horeb.

Efesios 4:25-5:2
[25] Por eso, no más mentiras; que todos digan la verdad a su prójimo, ya que todos somos parte del mismo cuerpo. [26] Enójense, pero sin pecar; que el enojo no les dure hasta la puesta del sol, [27] pues de otra manera se daría lugar al demonio. [28] El que robaba, que ya no robe, sino que se fatigue trabajando con sus manos en algo útil y así tendrá algo que compartir con los necesitados. [29] No salga de sus bocas ni una palabra mala, sino la palabra que hacía falta y que deja algo a los oyentes. [30] No entristezcan al Espíritu santo de Dios; éste es el sello con el que ustedes fueron marcados y por el que serán reconocidos en el día de la salvación. [31] Arranquen de raíz de entre ustedes disgustos, arrebatos, enojos, gritos, ofensas y toda clase de maldad. [32] Más bien sean buenos y comprensivos unos con otros, perdonándose mutuamente, como Dios los perdonó en Cristo.

5[2] Sigan el camino del amor, a ejemplo de Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros, como esas ofrendas y víctimas cuyo olor agradable subía a Dios

Juan 6: 35,41-51
35] Jesús les dijo: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed. [36] Sin embargo, como ya les dije, ustedes se niegan a creer aun después de haber visto. [37] Todo lo que el Padre me ha dado vendrá a mí, y yo no rechazaré al que venga a mí, [38] porque yo he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. [39] Y la voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el último día. [40] Sí, ésta es la decisión de mi Padre: toda persona que al contemplar al Hijo crea en él, tendrá vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.» [41] Los judíos murmuraban porque Jesús había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo.» [42] Y decían: «Conocemos a su padre y a su madre, ¿no es cierto? El no es sino Jesús, el hijo de José. ¿Cómo puede decir que ha bajado del cielo?» [43] Jesús les contestó: «No murmuren entre ustedes. [44] Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió. Y yo lo resucitaré en el último día. [45] Está escrito en los Profetas: Serán todos enseñados por Dios, y es así como viene a mí toda persona que ha escuchado al Padre y ha recibido su enseñanza. [46] Pues, por supuesto que nadie ha visto al Padre: sólo Aquel que ha venido de Dios ha visto al Padre. [47] En verdad les digo: El que cree tiene vida eterna. EL CUERPO DE CRISTO, PAN DE VIDA [48] Yo soy el pan de vida. [49] Sus antepasados comieron el maná en el desierto, pero murieron: [50] aquí tienen el pan que baja del cielo, para que lo coman y ya no mueran. [51] Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y lo daré para la vida del mundo.»


domingo, 5 de agosto de 2012

Sermón y Lecturas del Décimo Domingo después de Pentecostés 2012


LECTURAS

Efesios 4:1-16
PROGRESEMOS HACIA EL HOMBRE PERFECTO [1] Yo, «el prisionero de Cristo», les exhorto, pues, a que se muestren dignos de la vocación que han recibido. [2] Sean humildes, amables, comprensivos, y sopórtense unos a otros con amor. [3] Mantengan entre ustedes lazos de paz y permanezcan unidos en el mismo espíritu. [4] Un solo cuerpo y un mismo espíritu, pues ustedes han sido llamados a una misma vocación y una misma esperanza. [5] Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, [6] un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todos, que actúa por todos y está en todos. [7] Cada uno de nosotros ha recibido su talento y Cristo es quien fijó la medida de sus dones para cada uno. [8] Pues se dijo: Subió a las alturas, llevó cautivos, y dio sus dones a los hombres. [9] Subió. Se refiere al que antes había bajado con los muertos al mundo inferior. [10] El mismo que bajó, subió después por encima de todos los cielos para llenarlo todo. [11] Y ¿dónde están sus dones? Unos son apóstoles, otros profetas, otros evangelistas, otros pastores y maestros. [12] Así prepara a los suyos para las obras del ministerio en vista a la construcción del cuerpo de Cristo; [13] hasta que todos alcancemos la unidad en la fe y el conocimiento del Hijo de Dios y lleguemos a ser el Hombre perfecto, con esa madurez que no es menos que la plenitud de Cristo. [14] Entonces no seremos ya niños a los que mueve cualquier oleaje o viento de doctrina o cualquier invento de personas astutas, expertas en el arte de engañar. [15] Estaremos en la verdad y el amor, e iremos creciendo cada vez más para alcanzar a aquel que es la cabeza, Cristo. [16] El hace que el cuerpo crezca, con una red de articulaciones que le dan armonía y firmeza, tomando en cuenta y valorizando las capacidades de cada uno. Y así el cuerpo se va construyendo en el amor. REVÍSTANSE DEL HOMBRE NUEVO

Éxodo 16:2-4, 9-15
[2] Toda la comunidad de los israelitas empezó a murmurar contra Moisés y Aarón en el desierto. [3] Les decían: «¡Ojalá Yavé nos hubiera hecho morir en Egipto! Allí nos sentábamos junto a las ollas de carne y comíamos pan en abundancia. Ustedes, en cambio, nos han traído a este desierto en que todo ese gentío morirá de hambre.» [4] Pero Yavé dijo a Moisés: «Ahora les hago llover pan del cielo; salga el pueblo y recoja lo que necesita para cada día. Y yo voy a probar si se ajusta o no a mi enseñanza...
[9] Moisés dijo a Aarón: «Di a todos los hijos de Israel: Vengan, preséntense a Yavé, porque ha oído las quejas de ustedes.» [10] Y mientras Aarón hablaba al pueblo, miraron hacia el desierto: la Gloria de Yavé se apareció en medio de la nube. [11] Yavé habló a Moisés diciendo: [12] «He oído las quejas de mi pueblo. Diles: por la tarde comerán carne y por la mañana se saciarán de pan; así sabrán que yo soy Yavé, el Dios de ustedes.» [13] Aquella misma tarde llegaron codornices, que cubrieron el campamento. Y, por la mañana, en torno al campamento, había una capa de rocío. [14] Al evaporarse el rocío, apareció sobre el suelo del desierto una cosa menuda, como granos, parecida a la escarcha. [15] Cuando los israelitas vieron esto, se dijeron unos a otros: «Manha», o sea: «¿Qué es esto?» Pues no sabían lo que era. Y Moisés les dijo: «Este es el pan que Yavé les da para comer.

Juan 6: 24-35
24] Al ver que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, la gente subió a las lanchas y se dirigieron a Cafarnaún en busca de Jesús. [25] Al encontrarlo al otro lado del lago, le preguntaron: «Rabbí (Maestro), ¿cómo has venido aquí?» [26] Jesús les contestó: «En verdad les digo: Ustedes me buscan, no porque han visto a través de los signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. [27] Trabajen, no por el alimento de un día, sino por el alimento que permanece y da vida eterna. Este se lo dará el Hijo del hombre; él ha sido marcado con el sello del Padre.» EL PAN DE VIDA: CREER EN EL HIJO DE DIOS [28] Entonces le preguntaron: «¿Qué tenemos que hacer para trabajar en las obras de Dios?» [29] Jesús respondió: «La obra de Dios es ésta: creer en aquel que Dios ha enviado.» [30] Le dijeron: «¿Qué puedes hacer? ¿Qué señal milagrosa haces tú, para que la veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? [31] Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, según dice la Escritura: Se les dio a comer pan del cielo.» [32] Jesús contestó: «En verdad les digo: No fue Moisés quien les dio el pan del cielo. Es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo. [33] El pan que Dios da es Aquel que baja del cielo y que da vida al mundo.» [34] Ellos dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.» [35] Jesús les dijo: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed.

domingo, 15 de julio de 2012

Sermón y Lecturas del Séptimo Domingo después de Pentecostés 2012


LECTURAS

Amós 7: 7-15
[7] Por tercera vez, el Señor me mostró otro espectáculo: Un hombre estaba de pie al lado de un muro con un nivel de plomo en la mano. [8] Y como Yavé me preguntara qué veía yo, le respondí que un nivel de plomo. Entonces el Señor prosiguió: «Voy a ver si está desplomado o no Israel, pues ya no lo apuntalaré más; [9] los altos lugares sagrados de Isaac serán demolidos; los santuarios de Israel, destruidos, y yo me lanzaré, espada en mano, contra la familia de Jeroboam.» CONFLICTO CON EL SACERDOTE AMASÍAS [10] Entonces Amasías, sacerdote de Betel, le mandó este recado a Jeroboam, rey de Israel: «Amós está conspirando contra ti en pleno centro de Israel. No hay que permitirle que siga hablando, [11] pues dice que a ti te matarán a espada y que Israel será llevado al destierro, lejos de su patria.» [12] Luego Amasías fue a decirle a Amós: «Sal de aquí, visionario; vete a Judá, gánate allá la vida dándotelas de profeta, [13] pero no profetices más aquí en Betel, que es un santuario real, un templo nacional.» [14] Amós le replicó: «Yo no soy profeta ni uno de los hermanos profetas; soy cuidador de rebaños y trato los sicómoros. [15] Yavé es quien me sacó de detrás de las ovejas y me dijo: «Ve y habla de parte mía a Israel, mi pueblo».

Efesios 1: 3-14
.[3] ¡Bendito sea Dios, Padre de Cristo Jesús nuestro Señor, que nos ha bendecido en el cielo, en Cristo, con toda clase de bendiciones espirituales![4] En Cristo Dios nos eligió antes de que creara el mundo, para estar en su presencia santos y sin mancha. En su amor [5] nos destinó de antemano para ser hijos suyos en Jesucristo y por medio de él. Así lo quiso y le pareció bien[6] sacar alabanzas de esta gracia tan grande que nos hacía en el Bien Amado.[7] En él y por su sangre fuimos rescatados, y se nos dio el perdón de los pecados, fruto de su generosidad inmensa[8] -[9] que se derramó sobre nosotros. Ahora nos ha dado a conocer, mediante dones de sabiduría e inteligencia, este proyecto misterioso suyo, fruto de su absoluta complacencia en Cristo.[10] Pues Dios quiso reunir en él, cuando llegara la plenitud de los tiempos, tanto a los seres celestiales como a los terrenales. [11] En Cristo fuimos elegidos nosotros: Aquel que dispone de todas las cosas y las somete a su voluntad, decidió que fuéramos pueblo suyo,[12] y lleváramos la espera del Mesías, con el fin de que sea alabada su Gloria. [13] También ustedes, al escuchar la Palabra de la Verdad, el Evangelio que los salva, creyeron en él, quedando sellados con el Espíritu Santo prometido,[14] que es el anticipo de nuestra herencia. Por él va liberando al pueblo que hizo suyo, para que al fin sea alabada su Gloria. COLOCÓ TODO BAJO LOS PIES DE CRISTO

Marcos 6: 14-29
[14] El rey Herodes oyó hablar de Jesús, ya que su nombre se había hecho famoso. Algunos decían: «Este es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él poderes milagrosos.» [15] Otros decían: «Es Elías», y otros: «Es un profeta como los antiguos profetas». [16] Herodes, por su parte, pensaba: «Debe de ser Juan, al que le hice cortar la cabeza, que ha resucitado.» [17] En efecto, Herodes había mandado tomar preso a Juan y lo había encadenado en la cárcel por el asunto de Herodías, mujer de su hermano Filipo, con la que se había casado. [18] Pues Juan le decía: «No te está permitido tener a la mujer de tu hermano.» [19] Herodías lo odiaba y quería matarlo, pero no podía, [20] pues Herodes veía que Juan era un hombre justo y santo, y le tenía respeto. Por eso lo protegía, y lo escuchaba con gusto, aunque quedaba muy perplejo al oírlo. [21] Herodías tuvo su oportunidad cuando Herodes, el día de su cumpleaños, dio un banquete a sus nobles, a sus oficiales y a los personajes principales de Galilea. [22] En esa ocasión entró la hija de Herodías, bailó y gustó mucho a Herodes y a sus invitados. Entonces el rey dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré.» [23] Y le prometió con juramento: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.» [24] Salió ella a consultar a su madre: «¿Qué pido?» La madre le respondió: «La cabeza de Juan el Bautista.» [25] Inmediatamente corrió a donde estaba el rey y le dijo: «Quiero que ahora mismo me des la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja.» [26] El rey se sintió muy molesto, pero no quiso negárselo, porque se había comprometido con juramento delante de los invitados. [27] Ordenó, pues, a un verdugo que le trajera la cabeza de Juan. Este fue a la cárcel y le cortó la cabeza. [28] Luego, trayéndola en una bandeja, se la entregó a la muchacha y ésta se la pasó a su madre. [29] Cuando la noticia llegó a los discípulos de Juan, vinieron a recoger el cuerpo y lo enterraron. JESÚS, PASTOR Y PROFETA

domingo, 8 de julio de 2012

Sermón y Lecturas del Sexto Domingo después de Pentecostés 2012


LECTURAS

2° Corintios 12:2-10
[2] Sé de un cierto creyente, el cual hace catorce años fue arrebatado hasta el tercer cielo. Si fue con el cuerpo o fuera del cuerpo, eso no lo sé, lo sabe Dios. [3] Y sé que ese hombre, -sea con cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe- [4] fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras no habladas y que nadie sabría expresar. [5] Podría sentir orgullo pensando en ese, pero en cuanto a mí, sólo me gloriaré de mis debilidades. [6] Si quisiera gloriarme, no sería locura, pues diría la verdad. Pero me abstendré, para que nadie se forme de mí una idea superior a lo que ve u oye decir de mí. [7] Y precisamente para que no me pusiera orgulloso después de tan extraordinarias revelaciones, me fue clavado en la carne un aguijón, verdadero delegado de Satanás, cuyas bofetadas me guardan de todo orgullo. [8] Tres veces rogué al Señor que lo alejara de mí, [9] pero me dijo: «Te basta mi gracia; mi mayor fuerza se manifiesta en la debilidad». Mejor, pues, me preciaré de mis debilidades, para que me cubra la fuerza de Cristo. [10] Por eso acepto con gusto lo que me toca sufrir por Cristo: enfermedades, humillaciones, necesidades, persecuciones y angustias. Pues si me siento débil, entonces es cuando soy fuerte.

Ezequiel 2: 1-5
EZEQUIEL RECIBE SU MISIÓN [1] Me dijo: "Hijo de hombre, ponte de pie, te voy a hablar". [2] En el mismo momento en que me habla, entra en mí un espíritu y me hace ponerme de pie; .[3] entonces oigo que me dice: "Hijo de hombre, te envío donde los Israelitas, a un pueblo de rebeldes que se han rebelado contra mí; ellos y sus padres me han sido infieles hasta el día de hoy. [4] Te envío donde esa raza de cabezas duras y de corazones obstinados para que les digas: ¡Esta es la palabra de Yavé...! [5] Te escucharán o no te escucharán - porque son una raza de rebeldes - pero sabrán que hay un profeta en medio de ellos.

Marcos 6: 1-13
¿NO ES ÉSTE EL CARPINTERO? (MT 13,53; LC 4,16) [1] Al irse Jesús de allí, volvió a su tierra, y sus discípulos se fueron con él. [2] Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga y mucha gente lo escuchaba con estupor. Se preguntaban: «¿De dónde le viene todo esto? ¿Y qué pensar de la sabiduría que ha recibido, con esos milagros que salen de sus manos? [3] Pero no es más que el carpintero, el hijo de María; es un hermano de Santiago, de Joset, de Judas y Simón. ¿Y sus hermanas no están aquí entre nosotros?» Se escandalizaban y no lo reconocían. [4] Jesús les dijo: «Si hay un lugar donde un profeta es despreciado, es en su tierra, entre su parentela y en su propia familia.» [5] Y no pudo hacer allí ningún milagro. Tan sólo sanó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos. [6] Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer. JESÚS ENVÍA A LOS DOCE (MT 10,1; LC 9,1; 10,1) Jesús recorría todos los pueblos de los alrededores enseñando. [7] Llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus malos. [8] Les ordenó que no llevaran nada para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni morral, ni dinero; [9] que llevaran calzado corriente y un solo manto. [10] Y les decía: «Quédense en la primera casa en que les den alojamiento, hasta que se vayan de ese sitio. [11] Y si en algún lugar no los reciben ni los escuchan, no se alejen de allí sin haber sacudido el polvo de sus pies: con esto darán testimonio contra ellos.» [12] Fueron, pues, a predicar, invitando a la conversión. [13] Expulsaban a muchos espíritus malos y sanaban a numerosos enfermos, ungiéndoles con aceite. LA MUERTE DE JUAN BAUTISTA (MT 14,1; LC 9,7; 3,19)

domingo, 1 de julio de 2012

Sermón y Lecturas del Quinto Domingo después de Pentecostés 2012


LECTURAS

2 Corintios 8: 7-15
[7] Y ustedes que sobresalen en todo: en dones de fe, de palabra y de conocimiento, en entusiasmo, sin hablar del amor que me profesan, traten de sobresalir también en esta obra de generosidad. [8] No es una orden, sino que sólo me baso en la generosidad de otros para ver si ustedes aman de verdad. [9] Ya conocen la generosidad de Cristo Jesús, nuestro Señor, que, siendo rico, se hizo pobre por ustedes para que su pobreza los hiciera ricos. [10] Les hago notar esto: les conviene que se muevan, pues hace ya un año que empezaron, e incluso el proyecto procedió de ustedes. [11] Concluyan, pues, esa obra; lo que se ha decidido con entusiasmo debe ser llevado a cabo según las propias posibilidades. [12] Si hay entusiasmo, cada uno es bien recibido con lo que tenga, y a nadie se le pide lo que no tiene. [13] No se trata de que otros tengan comodidad y que a ustedes les falte, sino de que haya igualdad. [14] Ustedes darán de su abundancia lo que a ellos les falta, y ellos, a su vez, darán de lo que tienen para que a ustedes no les falte. Así reinará la igualdad. [15] Lo dice la Escritura: Al que tenía mucho no le sobraba y al que tenía poco no le faltaba.

Lamentaciones 3:22-33
[22] El amor de Yavé no se ha acabado, ni se han agotado sus misericordias; [23] se renuevan cada mañana. Sí, tu fidelidad es grande. [24] Dice mi alma: «Yavé es mi parte, por eso en él esperaré.» [25] Bueno es Yavé para los que esperan en él, para el alma que lo busca. [26] Bueno es esperar en silencio la salvación de Yavé. [27] Bueno es para el hombre soportar el yugo desde su juventud. [28] Que se siente solitario y silencioso cuando Dios se lo impone; [29] que ponga su boca en el polvo; quizá tenga esperanza, [30] que tienda la mejilla al que lo hiere, que se llene de humillaciones. [31] Porque el Señor no desecha al hombre para siempre. [32] Si llega a afligir, luego se compadece, según su inmenso amor; [33] él no se alegra en humillar y afligir a los hombres.

Marcos 5: 21-43
[21] Jesús, entonces, atravesó el lago, y al volver a la otra orilla, una gran muchedumbre se juntó en la playa en torno a él. [22] En eso llegó un oficial de la sinagoga, llamado Jairo, y al ver a Jesús, se postró a sus pies [23] suplicándole: «Mi hija está agonizando; ven e impón tus manos sobre ella para que se mejore y siga viviendo.» [24] Jesús se fue con Jairo; estaban en medio de un gran gentío, que lo oprimía. [25] Se encontraba allí una mujer que padecía un derrame de sangre desde hacía doce años. [26] Había sufrido mucho en manos de muchos médicos y se había gastado todo lo que tenía, pero en lugar de mejorar, estaba cada vez peor. [27] Como había oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto. [28] La mujer pensaba: «Si logro tocar, aunque sólo sea su ropa, sanaré.» [29] Al momento cesó su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba sana. [30] Pero Jesús se dio cuenta de que un poder había salido de él, y dándose vuelta en medio del gentío, preguntó: «¿Quién me ha tocado la ropa?» [31] Sus discípulos le contestaron: «Ya ves cómo te oprime toda esta gente: ¿y preguntas quién te tocó?» [32] Pero él seguía mirando a su alrededor para ver quién le había tocado. [33] Entonces la mujer, que sabía muy bien lo que le había pasado, asustada y temblando, se postró ante él y le contó toda la verdad. [34] Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda sana de tu enfermedad.» [35] Jesús estaba todavía hablando cuando llegaron algunos de la casa del oficial de la sinagoga para informarle: «Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar ya al Maestro?» [36] Jesús se hizo el desentendido y dijo al oficial: «No tengas miedo, solamente ten fe.» [37] Pero no dejó que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. [38] Cuando llegaron a la casa del oficial, Jesús vio un gran alboroto: unos lloraban y otros gritaban. [39] Jesús entró y les dijo: «¿Por qué este alboroto y tanto llanto? La niña no está muerta, sino dormida.» [40] Y se burlaban de él. Pero Jesús los hizo salir a todos, tomó consigo al padre, a la madre y a los que venían con él, y entró donde estaba la niña. [41] Tomándola de la mano, dijo a la niña: «Talitá kumi», que quiere decir: «Niña, te lo digo, ¡levántate!» [42] La jovencita se levantó al instante y empezó a caminar (tenía doce años). ¡Qué estupor más grande! Quedaron fuera de sí. [43] Pero Jesús les pidió insistentemente que no lo contaran a nadie, y les dijo que dieran algo de comer a la niña.